Por Ana Hernández Hernández

Se dice que los cubanos somos una mezcla de culturas, la española, africana, árabe y china entre otras, así se han desprendido múltiples leyendas, hasta llegar al punto de que no pocas personas en el mundo no pueden explicarse qué tenemos los cubanos que nos hace diferentes.

No es ajeno ver como en los momentos más difíciles existen instantes para dejar entrever esa idiosincrasia que que nos identifica como personas dicharacheras, cumbancheras, chistosas, jaraneras, con dones que parecen importados de otra galaxia.

Unos de esos momentos que más dificultades nos marca es tener que despertar todos los días con el genocida y férreo bloqueo que las sucesivas administraciones de la Casa Blanca ha impuesto a este país, que en sus propias narices ha decidido su propio destino sin  dar libertades a políticas injerencistas que deseen sobreponer un modelo económico que no tiene ningún apego con lo nuestro, lo puramente cubano.

Son innumerables las acciones que ha desarrollado el gobierno estadounidense para de cualquier forma hacer que los cubanos desmayemos, sucumbamos, nos asfixiemos, no podamos más, sin embargo sus delirantes pretensiones se han estrellado una y otra vez con esa espiritualidad sin límites que nos caracteriza, se han estrellado una y otra vez con la innovación y en los últimos tiempos con labores que a cada instante toman mayores proporciones en aras de sustituir importaciones, y de esa forma no tener que recurrir a terceros países, pues el flujo directo de comercialización, la mayor potencia la mutila, le corta piernas y manos con su hostil política de bloqueo.

Hostil política de bloqueo, que han querido aparentar, que se trata nada más y nada menos que de un diferendo bilateral, pero los cubanos sabemos muy bien que para nada, pues una y otra vez han sancionado a varios países que han tratado de establecer vínculos con la Mayor de las Antillas.

A esa hostil política de bloqueo también hay que sumarle las reiteradas agresiones de todo tipo, el terrorismo de Estado, permitido desde el propio territorio de los Estados Unidos, en fin un sinnúmero de propósitos que han tropezado con esos mismos rasgos del cubano que nos hace diferentes, dicharacheros, cumbancheros, chistosos, jaraneros, eso sí, pero muy identificados con lo que queremos, lo que defendemos y lo que no dejaremos que nos arrebaten hasta el último aliento, porque luchar contra ese engendro discriminatorio también nos hace diferentes,  y eso créanme  también es nuestra Cultura.