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Por: Ana Hernández Hernández

La imagen que acompañan estas líneas es la misma que sufrió y vivió el pueblo panameño hace 21 años, cuando a la medianoche del 20 de diciembre de 1989 Estados Unidos inició una cruenta invasión a Panamá, que recibió por nombre “Operación causa justa”, en la que participaron 26.000 soldados con armas, técnicas y equipos de guerra bien sofisticados.

A propósito de la fecha, inicio este trabajo con semejante ejemplo, porque en no pocas ocasiones los estadounidenses se preguntarán… por qué nos odian tanto?... pero desde mi humilde teclado, me atrevo a asegurar,  que no se trata de odio al pueblo, sino de rechazo a los sucios manejos que ha caracterizado siempre, en su afán de expansión y dominio a los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca.

En aquella oportunidad, según Bush padre, había que “proteger las vidas de los norteamericanos, defender la democracia en Panamá”.

Esa historia se ha repetido tantas veces, no solo en América Latina, sino por cualquier parte del mundo, que es muy difícil señalar algún continente donde, en alguna medida no exista un país amenazado o invadido por fuerzas estadounidense.

El ejemplo es hoy en Panamá por los 21 años que fue agredida, pero que decir de Viet Nam, y un poco más acá en el tiempo, Afganistán e Irak, y nosotros mismos, los cubanos con el ataque a Playa Girón, entre otras embestidas, que por el mundo solo han llevado pena y dolor a miles y miles de familias, en las que no pueden excluirse a las norteamericanas.

El ansia, la prepotencia y la arrogancia de los gobiernos ha sido, una y otra vez, la causa fundamental por la que, como dije al inicio, no pocos estadounidenses concluyan diciendo, ¿por qué nos odian? Y yo desde aquí, me atrevo a asegurar, no es al pueblo el rechazo y el odio, es a la demagogia y al doble rasero de los gobiernos de esa nación, que solo llegan con la muerte, donde debían llegar con la paz, la ayuda, la cooperación y el equilibrio.