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Por: Ana Hernández Hernández

No pocos ojos en el mundo comienzan a observar la repentina aparición del exdictador Jean Claude Duvalier en Haití. No pocas personas coinciden en asegurar que luego de 25 años de cómodo e impune exilio, los haitianos no han olvidado los horrores y las injusticias cometidas por la dictadura duvalieista.

El retorno de Baby Doc, como también se le conoce al exdictador ha suscitado cierta intranquilidad entre varios organismos internacionales, y por supuesto entre los propios haitianos.

Por eso no es fortuito encontrar como juicio de varias instancias, que el gobierno de Haití está en la obligación de procesarlo por los delitos de corrupción y violación de los derechos humanos que sobre él pesan.

Pero… ante tales aseveraciones, que a mi juicio tienen el fundamento de los propios sufrimientos que vivió el pueblo haitiano durante la dictadura de Duvalier, los propósitos van mucho más allá, y los veo matizados por una extraña coincidencia con la reciente visita a esa nación caribeña de la congresista norteamericana Ileana Ros- Lethelien y con otra un tanto más acá, José Miguel Inzulsa, Secretario General de la OEA, ambas en medio de un panorama electoral que ha tenido obligatoriamente que ser pospuesto dada la crítica situación que vive Haití.

Quizás alguien pueda tildarme de apresurada, pero es preocupante, no por lo que puedan saquear del pequeño país vecino, si no por las intenciones, que pueden estar dirigidas a ocupar posiciones estratégicas en el área del Caribe por parte de la mayor potencia del mundo, los Estados Unidos. No podemos olvidar que el despertar social en América de los últimos años, es y será una aguda espina clavada en el corazón del imperio.