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Por: Ana Hernández Hernández

Las líneas que hoy  completen este artículo llevarán en sí mismas la objetividad de una sociedad sujeta a cambios, y cambios profundos, porque como toda obra humana está llena de virtudes y defectos, pues precisamente esos, son los que la hacen eminentemente humana.

En estas líneas hablaré del hueco que hay en la esquina y no se ha pavimentado, diré de la pésima calidad del pan nuestro de cada día, diré del médico que llega tarde a su consulta, del maestro que no constituye ejemplo para sus alumnos, de los artículos normados por la libreta de abastecimiento que no alcanzan para el mes, de la cola en la farmacia el día que sitúan el medicamento.

En estas líneas no faltará tampoco lo relacionado con la falta de sistematicidad de la limpieza de las calles, de las dificultades con la reparación de inmuebles tanto estatales como privados, pero no faltará tampoco las irregularidades con el transporte urbano y suburbano, entre otras tantas dificultades que se conjugan con el actuar de las personas, con problemas organizativos y falta de exigencia, pero que nada tiene que ver con un sistema social que sepultó para siempre la esclavitud del hombre por el hombre.

En estas líneas, para no alejarme de la verdad, no puedo dejar de reiterar que Cuba, mi país, y por su puesto el de millones de adentro y afuera, va por el mundo llevando vida, salud, bienestar, educación, cultura, regando solidaridad, mientras que grandes potencias van de la mano con la muerte, las ansias de poderío y expansión, llegando a enlutar familias enteras tanto del país agredido como de su propia nación.

En estas líneas, para no alejarme de la verdad, no puedo dejar de reiterar que al triunfo de la Revolución en Cuba cerca del 60 por ciento de la población era analfabeta y la mortalidad infantil y materna rondaba por el 21 por ciento, por solo citar algunas de las calamidades heredadas de la etapa de la neocolonia.

En estas líneas, para no separarme de la verdad, me corresponde en la esquinita de mi modesto blogs dejar constancia, de las deficiencias, pero también de los logros, porque para estos últimos, si esperamos por lo que sean capaces de reconocer y difundir las grandes cadenas de radio y televisión en el mundo de lo que son capaces de hacer los cubanos, en medio de un bloqueo que para nada se ha minimizado, pasaremos por la vida sin saber que pasamos, pero para seguir apegada a esa verdad, esas mismas cadenas del poderío informativo se dedican al faranduleo de la difamación, que en su oportuno momento los hace cómplices de injerencismo total. Si algo no han logrado bloquear es la verdad.