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Por: Ana Hernández Hernández 

Era el domingo 24 de febrero de 1895, había carnaval, y el Capitán Saturnino Lora reunió en la hacienda Las Veguitas a todos los conspiradores del municipio Jiaguaní, en la actual provincia de Granma, desde allí partió con 400 hombres, algunos armados con escopetas y otros con machetes. Después de recorrer Baire, en ese territorio hizo un alto en la plaza.

En el céntrico lugar explicó a los presentes que había llegado la hora de ser libres e independientes y los exhortó a lazarse a la guerra. Públicamente declaró la ruptura con el colonialismo español. Para demostrar que los cubanos pedía a tiros la libertad, disparó su revolver con el grito de Viva Cuba Libre, Independencia o Muerte, y una vez más la revolución anticolonial se hacía presente en la manigua cubana.

Este levantamiento del 24 de febrero de 1895 era sin dudas la continuación del proceso iniciado por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1968, en el ingenio La Demajagua.

Así esa fecha quedó registrada en la historia como el “Grito de Baire”, pero Saturnino Lora no había actuado por su cuenta. Ese día se produjeron levantamientos  en 35 localidades de la isla. Los grupos revolucionarios obedecían instrucciones de José Martí y Juan Gualberto Gómez para el alzamiento.

Mientras esto ocurría Martí desde el exilio en estados Unidos estaba trabajando en el fortalecimiento de una unidad revolucionaria que permitiría continuar la lucha, ya había dado un paso importante con la creación, en 1892 del Partido Revolucionario Cubano. Este era el instrumento para preparar la Guerra Necesaria, como él mismo la calificaría.

Así desde aquel grito de Baire hasta hoy, los cubanos andamos bajo ese mismo Partido, que fue el fundado por Martí y que con el orgullo de patriotas han sabido llevar los hijos de esta tierra, de generación en generación, que como Saturnino Lora y otros tantos incendiaron la llama eterna de la libertad, en una patria que bajo el más cruel asedio sigue adelante con aires renovados de cambios y de cambios profundos enarbolando la bandera de una dignidad que es y será siempre con Todos y para el bien de Todos.