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En este mundo nuestro, el mismo en que las atrocidades de la guerra privan a millones de personas de una existencia pacífica, se convierte en un oasis la iniciativa de la Organización Mundial de las Naciones Unidas de dedicar un día a la poesía.

Considerar que ese género literario es imprescindible para la vida en el planeta, no es solo una metáfora lograda, sino además, una prueba contundente de que a pesar de las más ultramodernas teconologías, el hombre precisa de lirismo para continuar su andar por la tierra y también, por qué no, para preservarla y con ello preservarse.

En Cuba, la conmemoración deviene encuentro con diversas iniciativas, entre las que se incluyen recitales, concursos, espacios radiales y televisivos y, desde luego, presentaciones de textos.

La declamación, la música, la danza y el tetaro se suman al arte de la palabra, antigua cierto, pero además, imperecedera y siempre formadora de paradigmas conductuales e ideológicos que ahora más que nunca debemos y tenemos que aprovechar.

Si bien es cierto que lo anterior nos alegra, también es válido llamar la atención de que no se trata una fecha para unos pocos y sí para todos, revísese la historia y reconózcase el papel de la poesía en las distintas etapas del devenir de la humanidad. Sumémonos en que ese sentimiento puro, honesto, hermoso y edificante de la poesía, puede globalizarse y en sus líricos versos llamar a la paz, la vida, la unidad, y al AMOR como el más elevado de los sentimientos en la faz de la tierra, pongamos la poesía en el justo lugar y pidamos que cada día sea una jornada de bella poesía y así pongamos a un lado la muerte y el desconcierto que dejan día a día las incursiones por la guerra.