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Por: Ane Hernández Hernández y Eldy Mariño Córdova

Mientras en varios lugares del mundo, las penas que dejan los conflictos bélicos hacen de las suyas, en un pedacito de tierra ubicado al norte del municipio avileño de Chambas, llamado Punta Alegre  se apuesta por la defensa de una tradición, que es júbilo, alegría e identidad.

Hace unos días les conté de esta festividad, hoy vuelvo sobre el tema para hacerles un poco de historia sobre el surgimiento, de esta, una de las tradiciones más antigua del país, y la más longeva de la provincia de Ciego de Ávila.

Las primeras noticias de las parrandas  de la Salina y el Yeso, de Punta Alegre, datan de 1898. Los cubanos habían prácticamente vencido a los españoles en la contienda bélica y en esa Navidad los lugareños ubicaron frente a la Capilla Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, unos trabajos alegóricos a la victoria, en tanto, lanzaron fuegos de artificio y bailaron al compás de congas por la calle principal denominada, en aquel entonces Calle de Adelante.

La idea devino costumbre y como los padres fundadores del poblado eran oriundos de San Juan de los Remedios, en donde se celebraban parrandas de barrios desde inicios del siglo 19, pues ya en 1913 los puntalegrenses se disponían a realizar su primera festividad con las características actuales.

En octubre de 1913 se fundó el Yeso, alegórico a las minas de ese mineral que existen en la parte oeste del pueblo. Se identificó con una bandera blanca, con inscripción en azul que reza El Yeso. A finales de noviembre la zona Este del poblado asume el nombre de La Salina, aludiendo a las minas de sal ubicadas en esa parte. Se identificó  con una bandera roja, con un ancla al centro, pues para esa parte también radicaban los pescadores de la localidad. Cada barrio creó su propio piquete musical, con música original.

El 24 de diciembre de 1913, desde las 9 de la noche comenzó el primer enfrentamiento. La competencia consiste en fuegos artificiales, congas, carrozas y nunca ha habido jurado que dictamine cuál es el vencedor, al finalizar el jolgorio ambos se consideran triunfadores.

Los trabajos se confeccionan durante todo el año, en absoluto secreto y en cada ocasión,  cada carroza  tiene un tema distinto. Se han desarrollado ininterrumpidamente desde entonces, sorteando todo género de dificultades.

En Punta Alegre se nace yesero o salinero y no se admiten traiciones al barrio.

La temporada parrandera comienza oficialmente en cada noviembre, lo que hace que la rivalidad adquiera a veces ribetes insospechadas, propiciando no solo fuertes discusiones, sino  también sacrificios, entiéndase donaciones de recursos personales y colectivos.

A con UN siglo de existencia, la parranda es sagrada para los nativos, que la consideran y la defienden como su principal tradición.

El elemento principal de la fiesta son las carrozas de proporciones y alturas gigantescas. Cada una de las de este año tenía 120 pies de largo y 90 de alto. Fueron iluminadas por más de 40.000 bombillos cada una y para la confección de los trajes se emplearon cerca de 200 metros de telas.

Los trabajadores de ambos barrios son nativos del poblado, pues no se permite la importación de mano de obra.

Anualmente el acontecimiento es visitado por miles de personas de Cuba y de varias partes del mundo.