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Por: Ana Hernández Hernández

“No le vamos a decir al pueblo cree, le vamos a decir al pueblo lee”.tal aseveración tuvo su colofón cuando más de 700 mil compatriotas aprendieron a leer y a escribir, lo que ubicó a Cuba entre los primeros países libres de analfabetismo.

Esto ocurrió el tercer año de la Revolución, 1961. un calendario decisivo para la historia de este pueblo, que se había tejido con la sangre derramada de no pocos hermanos que quedaron en la contienda por la definitiva independencia.

La Campaña de Alfabetización había tenido sus antecedentes en el Ejército Rebelde, durante la guerra de liberación. La campaña masiva se anuncia el 29 de agosto de 1960, en la graduación del Primer Contingente de Maestros Voluntarios, cuando Fidel revela “El año que viene, vamos a librar la batalla contra el analfabetismo. El año que viene tenemos que establecer la meta: liquidar el analfabetismo en nuestro país. ¿ Cómo? Movilizando al pueblo.

El Primero de enero de 1961 inició oficialmente la Campaña de Alfabetización en su primera etapa. Llanos y montañas fueron testigos de una obra sin precedentes en la historia, con cartilla, lápiz y farola en mano, jóvenes de entonces se dispusieron a derribar un fuerte enemigo de los hombres: la ignorancia, el desconocimiento, el analfabetismo.

Fue una tarea en la que se trabajó con el ahínco y la impronta que sabe la juventud ponerle, pero el 22 de diciembre de 1961 ya era una realidad, se había derrotado el peligroso enemigo, se había abierto el camino para que los cubanos alcanzara uno de los principales derechos humanos del hombre: la instrucción y la educación.

Pero Cuba no concluyó ahí, luego llegaron las batallas por el sexto y noveno grados, el doce grado también tuvo su campaña, hasta una corona culminante,  que se consolidó con la universalización de la enseñanza.

Hoy también Cuba extiende la Campaña de Alfabetización a otros países a través del método cubano “Yo si puedo”. Una Campaña que llegó para poner a los seres humanos de este pequeño verde caimán antillano, en el justo lugar que merecen, por eso la eterna gratitud para Fidel, que no dijo nunca cree, sino lee.