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Por: Ana Hernández Hernádez

Lo leí hace unas horas en Prensa Latina y por más que ya estemos acostumbrados a escuchar y leer semejantes acciones, no podía dar crédito a lo que veían mis ojos: “El Congreso de Estados Unidos aprobó y pasó al presidente al presidente Barack Obama, para que firme una ley que permite al Pentágono gastar 160.000 millones de dólares para los frentes de guerra en Afganistán e Iraq.

La propuesta va asegurada de tal manera que ese presupuesto para el 2011 incluye unos 725.000 millones para gastos del Pentágono, entre ellos, aumentar en 1.4 por ciento el salario de los soldados, y extender el límite de edad para que un hijo de militar pueda beneficiarse del seguro médico de sus padres.

Como mismo no puedo dar créditos a que esas guerras sigan plagando de luto a familias completas, tanto de un lado como de otro, por qué cuántos afganos e iraníes no han visto truncada su existencia, desde niños hasta mujeres y ancianos inocentes, pero… cuántos jóvenes soldados de las tropas ocupantes no han perecido también?

Pero menos crédito puedo dar cuando propiamente, es el Gobierno de los Estados Unidos el que se adjudica las prerrogativas de enjuiciar a otros estados, porque según su apreciación amparan el terrorismo.¿ Es acaso que esas amenazas, guerras e invasiones no son en una buena parte TERRORISMO?

Menos crédito pudieron darle mis ojos, cuando precisamente, la firma para autorizar los 160.000 millones de dólares para los frentes de guerra en Afganistán e Iraq, será plasmada por un Premio Nóbel de la Paz, el presidente Barack Obama.