20110126174302-periodistas.jpeg

De la mano de Google, ese poderoso instrumento que como el metro capitalino nos conduce por subterráneos túneles hasta los más lejanos confines, descubrí la mata del descrédito y la mentira.
En el más absoluto retracto se sumergen unos “personajes” que suelen auto titularse  Periodistas Independientes, muchos de ellos distantes de los más elementales recursos que exige esa profesión, para hacer creíbles espantosos dramas solamente aceptados por quienes en otras latitudes están ajenos a las realidades que viven los cubanos.
Son informantes débiles visuales, que apenas suelen encontrarse con las insuficiencias y desaciertos que pudiera tener la sociedad más perfecta, y que en ningún caso han negado, ni el Partido, ni el gobierno, y mucho menos los cubanos más apegados al proceso revolucionario, convencidos de que no vivimos en una urna de cristal.
Encontré así que en el centro de la isla se agrupan en improvisada  agencias, como la avileña APLA que suscriben a sus miembros sobreprotegidos con misteriosos seudónimos como Kallan Poe, Valentín Balart y otros que no vale la pena ni siquiera enumerar quienes llegan a la red con llamativos titulares con lo que cumplen su comprometida y abonada misión por mandatos del imperio del norte, únicamente con el fin de desacreditar a la Revolución Cubana a cualquier precio.
Así, sus reportes alcanzan una  inmediata  pegada y sirven como alimento a esa cadena de medios de comunicación a la que cada año el gobierno de Estados Unidos le concede sustanciosos y tentativos fondos para el sostén de las transmisiones.
Cámaras fotográficas, micrograbadoras, celulares y otros medios están en poder de personajes que un día fueron quizás sancionados por una indisciplina laboral, o por una deshonesta actitud social y fue el motivo para un visado divino: corresponsal de una emisora subversiva o de un medio alternativo donde se alojan y caminan con los pies del descrédito y la mentira.

Aparecen donde hay una riña callejera, donde las autoridades policiales intervienen para encauzar el orden público en defensa de leyes y reglamentaciones sociales y hasta en escenarios que tienen como protagonista a ciudadanos con desequilibrios mentales o impulsivos de carácter, transfiriendo las situaciones a manifestaciones contra el gobierno o inadecuados procederes  de las autoridades.
Bien se pudieran mencionar nombres y argumentar elementos y con seguridad pocas razones quedarían para volver a contactar con esos sitios a que nos lleva Google de la mano y que únicamente caminan con los pies del descrédito y la mentira.