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Por: Ana Hernández Hernández

Un mensaje recorría el mundo en los últimos días. Sin tapujos, Jonathan Farrar, Jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana había advertido al gobierno de la Casa Blanca, desde el 2009, según revelaciones de Wikiliaks, que los disidentes o sus agendas eran prácticamente desconocidos, que debían dejar de gastar tanta energía en serrucharse el piso los unos a los otros.

Casi 2 años han transcurrido de tal advertencia, sin embargo la administración Obama ha prestado mayor atención a las presiones y chantajes de la ultraderecha miamense con todo su andamiaje mafioso, y en un banquete  con sus amistades floridanas, el presidente contaminó de adjetivos y elogios lña atmósfera a la usanza y estilo de su antecesor George W Bush.

El mandato de Obama ha estado caracterizado por las agobiantes protestas y crisis domésticas, así como por las guerras y revueltas foráneas, pero no obstante a recibir algunas indirectas de la legisladora anticubana Ileana Ros_Lehtinen, Obama no escatimó tiempo para regodearse con lo más selecto de la mafia y la contrarrevolución cubana al Sur de la Florida. Le hace falta a Obama traer esos votos para su agenda.

Quién embarcaría a Obama? Es una interrogante difícil de despejar, pero con seguridad, muy bien pudo haber sido uno de los nombrados “periodistas independientes”, que cuando no le suenan los bolsillos se inventan cualquier mentira.

En su patético discursito, Obama, por supuesto trató de endulzarle los oidos a esa cloaca de mafiosos, al no reconocer que la muerte de Zapata Tamayo fue estimulada hasta por los propios familiares más allegados, los que apostaron por el dinero y no por la vida de un hijo, pero esa verdad está vedada en la gran prensa, y quien sabe si hasta se lo tienen prohibido al presidente, y a éste no le convenga reconocerla de cara a una reelección parta el próximo mandato.